Mediante la aplicación de una serie de exámenes rutinarios (clínicos, ecográficos y analíticos) se pretende prevenir la aparición de una serie de riesgos potenciales para la gestación y detectar y tratar de forma precoz los trastornos acontecidos en el curso de la misma, lo que nos permitirá concluir el embarazo con una madre y un hijo sanos.
La mujer debe acudir a su médico tan pronto como el embarazo sea sospechado, en condiciones ideales, en las 12 primeras semanas de gestación. Durante la primera visita, la de mayor duración, se debe valorar el estado de salud de la mujer mediante la información obtenida de la historia clínica (antecedentes familiares de enfermedades hereditarias, hipertensión, diabetes, etc, antecedentes personales de alergias a fármacos, hábitos tóxicos, enfermedades crónicas, intervenciones quirúrgicas, tipo menstrual y evolución de los embarazos y partos previos si los hubo), exploración física general (peso, talla, tensión arterial, edemas, auscultación cardiaca y palpación de tiroides), mamaria, inspección de genitales y tacto vaginal.
Se completará el estudio mediante la petición de exploraciones complementarias tales como analítica de sangre (hemograma, bioquímica, grupo sanguíneo y factor Rh, prueba de Coombs indirecto para detectar anticuerpos anti-Rh y serologías de rubeola, toxoplasma, sífilis, hepatitis B y VIH), analítica de orina (sistemático, sedimento y cultivo), citología cervico-vaginal (si no se ha realizado en el año previo) y ecografía (valoración de la edad gestacional, número de fetos y marcadores de cromosomopatía). Mediante la obtención de todos estos datos valoraremos si hemos de clasificar la gestación como de riesgo o no, valoración que repetiremos sucesivamente a lo largo del embarazo.
La frecuencia de las consultas sucesivas se ajustará a las necesidades individuales de cada mujer y a los factores de riesgo asociados, siendo generalmente mensuales durante los primeros meses de embarazo, acortándose los intervalos a medida que se aproxima el parto o si aparecen complicaciones médicas u obstétricas que así lo aconsejen.
Durante las mismas, controlaremos la tensión arterial, el peso y la presencia de edemas, estimaremos si la altura uterina corresponde a la edad de gestación, valoraremos la estática fetal (la posición del feto en el vientre materno) mediante las maniobras de Leopold y obtendremos el latido cardiaco fetal mediante ultrasonidos.
Habitualmente se solicitan otros dos análisis, dos ecografías (una a las 18-22 semanas para la detección de malformaciones y la otra a las 32-36 semanas para valorar el crecimiento y la posición fetales) y realizaremos el cribado de la diabetes gestacional mediante la prueba de O’Sullivan a las 24-28 semanas y la detección de portadoras del estreptococo del grupo B (una causa importante de infecciones del recién nacido) mediante el cultivo vaginal y rectal a las 35-37 semanas. Avanzado el tercer trimestre, se deberá evaluar mediante el tacto vaginal la posibilidad de parto vaginal y es posible que se aconseje la realización de un registro cardiotocográfico (o monitorización).
Motivos de consulta y/o ingreso
Además de las consultas periódicas que le recomendará su médico, debe poner en su conocimiento cualquier anomalía que usted note en la evolución de su embarazo, especialmente vómitos intensos y persistentes, diarrea, dolor al orinar, dolor de cabeza no habitual e hinchazón en zonas distintas a los pies y tobillos por la tarde, o en estos lugares si no desaparecen con el reposo nocturno.
Debe acudir a la clínica o al hospital si observa: dolor abdominal intenso o contracciones uterinas dolorosas, hemorragia o pérdida de líquido por genitales, fiebre elevada y/o dolor de cabeza muy intenso.
